[Sophia 24/07/2026] – Malestar en el trabajo: el desafío de repensarnos frente a escenarios cambiantes

por Claudina | Jul 24, 2026 | Prensa

Una reflexión sobre cómo transitar un momento que nos desafía, para crear nuevas narrativas sobre nuestras profesiones, oficios y saberes.

En mi práctica veo algo que se repite: muchas personas llegan con la sensación de que “algo no está funcionando en el vínculo con el trabajo”. Pero no saben si es cansancio, aburrimiento o desilusión. Incluso pueden aparecer indicios de depresión y hasta síntomas físicos. Lo que queda claro es el malestar. Y lo primero que aparece cuando pueden ponerlo en palabras es alivio.

Encontrar un espacio para hablar cancela el ruido interno, se convierte en algo que puede ser dicho, blanqueado y por ende otra persona puede ayudar a pensar mejor. Nombrar el malestar reduce la vergüenza y el aislamiento: permite empezar a entender que no es una “falla” propia, sino que ese vínculo que aparece como incuestionable puede ser revisado, que eso es sano.

El trabajo es más que un conjunto de tareas. Es un espacio donde pasamos la mayor parte del tiempo, donde vemos plasmado en algo material quienes somos. Ahí se nos juega el valor, el tiempo, el cuerpo y la identidad. Por eso para revisar la problemática de este vínculo no alcanza con psicoterapia: la relación laboral necesita una mirada que combine lo psicológico con lo técnico, lo emocional con lo material, además de incluir una realidad operativa bien concreta, y de mercado.

Es una relación estructuralmente asimétrica. Quien depende del ingreso suele tener menos margen para cuestionar, negociar o cambiar. Esa desigualdad condiciona cuánto puede rebelarse una persona y cuánto puede revisar sin sentir que pone en riesgo su estabilidad (con un consecuente impacto emocional).

No todos los malestares laborales son iguales. Hay desgastes cotidianos y hay crisis profundas, existenciales, pero que no son filosóficas: son concretas, urgentes, de vida. No se trata de “buscar tu pasión y ser feliz”, sino de resolver cómo sostenerte mientras pensás qué querés hacer con tu energía y tu tiempo en los próximos años. La narrativa de “dejá todo y seguí tu sueño” es seductora, pero suele ser cruel: desconoce el contexto, las responsabilidades y la realidad material. De hecho, a muchas personas los hace sentir aún peor, porque terminan creyendo que eso es posible y —nuevamente— pareciera que hay una falla personal.

Hoy muchas profesiones están puestas en jaque por la tecnología y la IA. Además de que cambian las reglas de juego de contratación, de puestos, en algunos sectores directamente desaparecen las condiciones de posibilidad. El desamparo laboral es un fenómeno real que afecta a traductoras, trabajadores audiovisuales, investigadores, diseñadores, arquitectos, editores, periodistas y a cualquiera cuya tarea esté siendo reemplazada o devaluada. Pensar el vínculo con el trabajo en este contexto no es un lujo: es una necesidad de supervivencia tanto económica como psicológica.

La vocación, otro gran tema que complica y angustia a las personas. La vocación no es ni un puesto ni una única profesión específica. Hablo de vocación como una pulsión mucho más amplia que la elección de una carrera hecha a los dieciocho años y de hecho propongo usar como sinónimos vocación y búsqueda o pulsión de hacer. La elección vocacional se traduce en carreras y empleos que el mercado dispone en su necesidad, pero en ese cruce entre lo humano y el mercado, se termina naturalizando y termina pareciendo que lo que hacemos como empleo es aquello para lo que nacimos, cuando en realidad esa es solamente una posibilidad más.

Si me interesa la salud “nací para ser médico o médica”. Error. Hay un universo inmenso que contempla muchas profesiones, oficios, saberes y haceres desde distintos paradigmas y perspectivas dentro del ámbito de la salud. Si la realidad hoy me dice que mi trabajo de médico me está haciendo mal, ya no cumple con mis expectativas tal como viene siendo desde hace años o está cuestionada mi forma de entender cómo quiero llevar adelante mi profesión —porque mi empleador o el contexto cambió las reglas del juego— es importante que separe ese trabajo puntual de todo lo que a mí me impulsó a estudiar Medicina. Es desde ese lugar que puedo empezar a ampliar mi proyección revisando todo lo que el universo de sanar puede sumar a la carrera que ya he conformado. Puedo planificar algo que me haga mejor y que me represente en lo que soy ahora.

Se puede pensar una reinvención en estas condiciones? ¡Por supuesto que sí!

Cuando acompaño procesos de reinvención, no empiezo por lo que la persona “debería” hacer, sino por lo que ya no quiere seguir sosteniendo, más allá de cual sea el gatillo que detona ponerse en contacto con esta realidad. Después trabajamos en desgranar la experiencia: separar lo que sabe hacer, lo que le gusta y lo que le interesa. Asociamos ideas, armamos secuencias lógicas, transformamos conocimientos dispersos en posibilidades concretas.

A veces la persona tiene “carrocería” para un proyecto propio; otras veces necesita un entorno distinto, no un emprendimiento. Reinventarse no siempre es emprender: también puede ser reinsertarse, reconvertirse o cambiar de escenario. Es una forma de intervenir en la vida de otros. Un mismo deseo puede tomar distintas formas a lo largo del tiempo. Lo importante no es fijar una identidad profesional definitiva, sino construir un vínculo laboral más coherente con quién se es hoy.

Pensar y revisar la relación con el trabajo no es solo posible, sino que es necesario. Es un intento de volverla más clara, más honesta y más propia y esa claridad, en un mundo que cambia tan rápido, es una forma de cuidado.

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